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Anselmo Guinea pintó la playa de Bakio en 1881, tres años antes, las riberas de Deusto que invitaban al romanticismo, como el Abra y el Serantes vistos desde las Arenas.
Los nostálgicos del paisaje humano y rural vasco previos a la industrialización van a disfrutar con esta pintura.
(Mikel Lertxundi, Comisario): "Podemos observar que siempre él busca representar lo que es el medio rural, la vida del campesino vizcaíno, su religiosidad pero da la espalda de alguna manera al progreso".
Anselmo Guinea pintó Bizkaia desde Arratia hasta Lekeitio, plasmó en lienzos, vidrieras y dibujos el entorno rural, el ambiente religioso y la fiesta.
Y cuando viaja a Roma pinta moros y odaliscas y se empapa de costumbrismo italiano.
La estancia en Roma imprime estructura y dibujo a los paisajes de Anselmo Guinea, París, le da la luz.
Y la luz estalla en la toquilla de esta joven de la avenida de Clishy, y en las sirgueras. La obra de Guinea hace guiños al impresionismo, al puntillismo y al modernismo y es, junto a Guiard y Zuoloaga, un renovador del retrato.
(Mikel Lertxundi, Comisario): "Produce una obra desde sus comienzos hasta sus últimos días, como esta obra que es, digamos, su testamento artístico, una obra de calidad siempre".
De su amistad con Ramón de la Sota firma temas marinos. Desgarradores algunos, más tranquilos otros. Son 85 obras, la mayoría de colecciones privadas y algunas como esta niña junto al mirador se ven por primera vez en publico.
Muy reconocido en vida, murió joven y en 1907 Bilbao le dedico una exposición póstuma. El artista, origen de la modernidad en la pintura vasca, regresa a casa un siglo después.