City breaks Touring Actualizado hace 282 días
Fundada hace 800 años por los Reyes de Navarra, nació adosada al Collado de Gasteiz. Actualmente es la capital de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Como el roble cuyo tronco se va engrosando con el tiempo, Gasteiz ha ido expandiendo sus anillos por el Collado, atrapando entre ellos murallas, palacios y casas torre.
Oscurece sobre Vitoria-Gasteiz y la noche sorprende a más de uno en sus quehaceres. El avión procedente de Namibia, Africa, descarga la merluza que compraremos mañana por la mañana. Foronda, los aviones arriban con su carga al mayor puerto pesquero de Euskal Herria y nosotros como las cigüeñas al atardecer emprendemos vuelo hacia la ciudad.
En los límites de la Llanada nos encontramos con fábricas, edificios y modernos barrios dormitorio, la ciudad aún está despierta. Abierta a ambos lados de la pendiente, Gasteiz se nos aparece en forma de almendra como resguardada dentro de su cáscara nos recuerda a una escalera de caracol en su intento por alcanzar el cielo.
Hasta los edificios de reciente construcción asemejan murallas de nueva planta. Gasteiz surgió en el collado constreñida y apretujada. Ahora por encima de las murallas se extiende a la búsqueda del río Zadorra.
Campos de trigo, verdes en primavera, dorados en verano, regados desde hace un siglo por más de 400 fuentes.
Erguida como un faro de mar emerge a las puertas de la ciudad la Casa de Juntas de Arriaga donde juraban los fueros los Reyes de Castilla.
A nuestra vista, la Catedral de Santa María, construida sobre una antigua iglesia sigue siendo aún hoy el edificio más alto de la ciudad. Cien años después de haber nacido, la ciudad se abre a Oriente. Entonces, surgen las calles Cuchillería, Pintorería y Judería.
El Museo Fournier ha recopilado en el Palacio Bendaña más de 16000 barajas procedentes de todo el mundo; entre ellas, sin duda las más peculiares y bellas.
Las edificaciones de familias influyentes y adineradas son más recientes. La Casa Torre de Doña Otxanda y la Iglesia de San Pedro fueron construidas aprovechando las murallas de la Ribera del Río Zapardiel que actualmente fluye soterrado por la calle Siervas de Jesús.
Pendiente arriba, las calles fueron distribuidas por oficios; calle Zapatería, calle Herrería y calle Correría. Al norte los caballeros y comerciantes que llegaban por la entrada de Arriaga hallaban refugio en el Portalón.
Sobre la Muralla del Flanco Sur, se construyó la Iglesia de San Vicente y adosada al muro el Palacio de Villasuso. En la antepuerta, en la plaza del Machete se aplicó al garrote vil a los condenados a muerte hasta el siglo pasado.
Y en lo alto el Palacio Montehermoso donde se instaló el Rey José I, "Pepe Botella" en el período que trasladó la corte a Vitoria. En esta plaza, estuvo antaño la imagen de la Virgen Blanca, pero a medida que la ciudad se extendía hacia abajo en sus pendientes se construyeron soportales para dar cobijo a tiendas y bares. Con Los Arquillos se dio el salto de la colina a La Llanada y en lo alto el reloj testigo mudo de todos estos cambio.
Aquí estaba antaño la Plaza del Mercado, sólo desde el cielo puede apreciarse. La imagen del territorio en piedra que Galtxegui y Chillida han levantado, el mapa de Alava fosilizado en homenaje a los fueros.
El Ferrocarril del Norte añadió otro anillo a la ciudad convirtiendo en eje central la calle que conducía a la estación. En la posguerra, Vitoria fue ciudad de curas y militares. Los jóvenes paseaban Dato arriba, Dato abajo las chicas por una acera y los chicos por otra. Mientras las abuelas en los balcones tomaban chocolate.
Las altivas torres de las iglesias también atisban con aparente indiferencia las vidas ajenas. Al doblar la esquina aún pervive el dulce aroma de las trufas y de los vasquitos y neskitas.
Las calles parecen rendidas a los peatones hay más comercios que nunca dedicados a la moda, ya que más de la mitad de los compradores proceden de localidades limítrofes.
En la Plaza de la Virgen Blanca, vemos el monumento a la Independencia recuerdo de la Batalla librada en 1813 en la que los generales Wellington y Alava derrotaron a los franceses.
Inevitablemente los nuevos tiempos impulsan los cambios. Quienes opinaban que la Vieja Catedral estaba alejada del centro y con una pendiente muy pronunciada propusieron la construcción de una nueva.
Una Catedral de gran planta siempre a punto de ser acabada pero todavía incompleta. Los capiteles del tejado son el área de descanso de las cigüeñas y en el parque de La Florida, los pájaros han tomado posesión de los gigantescos árboles pertenecientes a más de cien especies distintas provenientes de todo el mundo.
Aquí las tardes de los domingos el baile convocaba a nodrizas y soldados, modistas y trabajadores de camisa blanca. Allá donde se pierden las vías del tren surgen por un lado grandes casas rodeadas de jardines y por el otro casas palaciegas cimentadas en los comienzos de la industrialización.
Como ejemplo, la mansión construida en 1920 por Serafín Ajuria dueño de una empresa de maquinaria agrícola. Actualmente, es la residencia oficial del Lehendakari.
El crecimiento industrial trajo consigo el desarrollo cultural. Nacieron las tertulias intelectuales y también las primeras escuelas de Bellas Artes. Los nuevos aires llegados de fuera hicieron de contrapeso a la cultura de los curas y los militares. Entre el confuso traqueteo de los tranvías la cultura local y las corrientes llegadas de Europa chocaron sin remedio en el cruce de ideologías.
A comienzos de siglo, en el año 1900 Vitoria-Gasteiz contaba con 30.000 habitantes hoy en día sobrepasa los 220.000. Como ocurriera en otros tiempos con los peregrinos que iban de camino a Santiago, las idas y venidas también son incesantes siendo Vitoria uno de los enclaves neurálgicos del transporte y tráfico europeo.
Las grandes naves industriales señalan el camino a modo de bujones. Y frente a frente en círculos concéntricos como si de colmenas se trataran las viviendas de los trabajadores.
Las llamas han convertido en cenizas un edificio nuevo, también la nueva Vitoria fue consumida por el fuego.
Actualmente, resulta imprescindible gestionar y controlar el uso del agua. Pero ya hace cien años que se construyó en la ciudad, más concretamente en el Campillo el primer depósito que almacenaba las aguas canalizadas desde el Gorbea.
Las laberínticas barriadas dormitorio de los trabajadores rematan los parques y las zonas verdes. Cada barrio cuenta con instalaciones propias para el esparcimiento y la práctica de deportes.
No es de extrañar por tanto que miles de personas practiquen deporte a diario y otras tantas acudan a disfrutar del buen juego del Baskonia al lugar donde antaño se celebraba la feria de ganado. También desde Mendizorroza han sido propagados a los cuatro vientos los vítores de los Babazorros alaveses.
Antaño los que iban para curas recalaban en Vitoria pero el seminario está hoy vacío parece que no hay vocaciones para pastores de almas. Sin embargo, a la misma zona y a diario llega hoy una nueva marea de funcionarios. Recién constituido el Gobierno Vasco instaló aquí su sede en el edificio construido para geriátrico.
En las cercanías aún sigue en pie el edificio de la Azucarera fundada en el año 1900 y operativa durante 93 años. Hoy, oficinas de lujo ocupan el lugar de las máquinas trituradoras de remolacha. Que nadie piense que es una novedad para los vitorianos, el primer automóvil fabricado en el estado salió de aquí, de Vitoria, de la vieja empresa "Güeto".
Más allá de los anillos fabriles se encuentra el cinturón de las armas que desde la distancia rodean Vitoria con sus antiguas casas torre, testigos mudos de las confrontaciones medievales. El linaje de Los Mendoza, una de las familias más influyentes de Alava.
Con los campanarios como punto de referencia, y sin alejarnos demasiado de Vitoria-Gasteiz, visitamos las basílicas de los santos patronos de Alava. Distantes en otro tiempo, en la actualidad un agradable paseo enlaza Vitoria con Armentia, desde la Ermita de San Prudencio contemplamos la ciudad que fue edificada más tarde.
El río Zadorra, lleva hacia el Ebro las nieves derretidas. Recios puentes de varios ojos que en su día fueron emplazamientos de mucho tránsito se tienden sobre el río camino adelante.
Muy cerca encontramos vestigios de una ciudad romana, Iruña. ¡Qué lastima que en este soberbio paraje, en este abismo asomado al río nadie recogiera el testigo de los romanos para aproximarse y competir con Vitoria-Gasteiz!. Ésta podría haber sido la verdadera ciudad.
Más cerca, en la otra orilla del río se encuentra la cárcel. En este área de las fortificaciones militares a poca distancia de la cárcel de Nanclares se extienden los barracones y carros blindados del cuartel de Araca.
Y no muy lejos, Arkaute, la Academia de la Ertzaintza. Más allá de los muros militares se despliega otro círculo, el anillo del agua. Formado por los embalses de Legutiano y Uríbarri-Gamboa. Entre ambos sacian las necesidades de Vitoria-Gasteiz, de Bilbao y de los alrededores. Y aunque pocos lo saben, la famosa agua de Bilbao mana de Vitoria-Gasteiz. A pesar de las voces en contra, los pantanos también son utilizados para prácticas deportivas. Es habitual ver pescadores.
En los últimos ocho siglos, la ciudad ha prosperado haciendo acopio de agua en el Collado de Gasteiz. Pero para garantizar su abastecimiento y el de otros ha sido necesario sumergir algunos pueblos.
La campana de Uríbarri-Gamboa, es hoy vigía solitaria de un mar de agua que antes fueron trigales. El pantano en invierno se convierte en residencia temporal de las aves migratorias. Y en medio del embalse se encuentra La Isla de los Conejos. Sólo quien disponga de agua prosperará en los siglos venideros y Vitoria-Gasteiz habitando en su anillo de ríos y lagos es una vieja maestra en las artes del agua.