City breaks Touring Actualizado hace 232 días
La identidad histórica de Bilbao es la lucha por el espacio. Desde su fundación hace más de 700 años, el mundo se le ha quedado pequeño a Bilbao. Ha ido llenando todos los espacios posibles, hasta saturar el fondo de esa cubeta, de ese botxo en el que nació. Y para no morir asfixiada, Bilbao ha tenido que devorar a sus hermanos de ría.
Esta es la historia de una ciudad que surgió y se enriqueció al fondo de un estuario.
Todo comenzó en Begoña.
Las medias laderas soleadas como esta, han sido desde siempre los lugares preferidos por los vascos para levantar sus aldeas. Huyendo del fondo sombrío y húmedo de los valles.
Y aquí, en torno a la primitiva iglesia de Begoña, se establecieron un puñado de labradores, que cuando bajaban a la ría a pescar, tenían sus botes amarrados en lo que ahora es el Viejo Bilbao.
Al fondo del Casco Viejo bilbaíno están las 7 calles iniciales de la villa. Y junto a ellas, la Catedral de Santiago, lugar desde el que iniciaban el peregrinaje a Compostela, todos los europeos que desembarcaban en Bilbao.
Porque el vado por el que se podía atravesar la ría estaba ahí mismo.
Junto a la otra iglesia, la de San Antón. Desde la desembocadura, este era el primer punto en el que, en bajamar, la ría se podía cruzar a caballo o en carruaje. Y por eso Bilbao nació precisamente aquí.
La ría lo era todo para Bilbao. Incluso esta esquina de San Antón se hizo redondeada para que no ofreciera resistencia al agua en las habituales crecidas.
En lo que eran los arrabales de la ciudad, hace casi 200 años se levantó el hospital de Atxuri, uno de los más modernos del Estado. Porque además de ser muy ventilado y luminoso, por primera vez, se separaba a los pacientes por sexos y enfermedades. Algo impensable hasta entonces.
Bilbao se enriqueció con el comercio del hierro. Pero lo que muchos bilbaínos no saben es que las minas estaban en el corazón de la ciudad. El horno de calcinación de la Mina San Luis se conserva encima de Bilbao La Vieja.
Remontando la corriente, llegamos al barrio de La Peña. Que debe su nombre a un islote, a una peña que había en medio de la ría.
Pero la isla desapareció en 1.983. A raíz de las terribles inundaciones de aquel año, unieron el islote a una de las riberas con toneladas de tierra y rocas, para intentar contener las aguas en la siguiente riada. Y así surgió este parque.
Los puente siempre han sido una necesidad y al mismo tiempo un problema para Bilbao. Los barcos, con altos mástiles, cargaban y descargaban junto a San Antón. Así que los puentes no podían ser ni fijos ni bajos.
El famoso puente colgante, "el más elegante" que decía la canción, estaba justo aquí, entre estos otros dos puentes. Era de cadenas, y duró unos 20 años.
El parque del Arenal era hace 200 años una gran playa fluvial, que se utilizaba como astillero. Aquí, frente a la iglesia de San Nicolás, se ensamblaban los barcos.
El Arenal se convirtió en el salón urbano de Bilbao. Estas fachadas eran la cara, el rostro público de la ciudad.
Florecieron aseguradoras y bancos.
Y también un gran teatro.
El Arriaga se inauguró hace 113 años con dos sorprendentes novedades. La espectacular iluminación eléctrica sustituyendo a la de gas. Y unas revolucionarias audiciones telefónicas: la función se podía escuchar por teléfono desde casa. Es lo que se llamó "la ópera a domicilio".
Para entonces ya se había construido la popular Plaza Nueva.
A cuya espalda encontramos otra plaza, la de Miguel de Unamuno. De esta plaza parten las viejas Calzadas de Mallona. Un camino empinadísimo que conecta el Casco Viejo con su precursora, Begoña.
A mitad de camino, todavía hoy nos encontramos con la monumental puerta del antiguo cementerio. Pionero en todo el Estado. Porque hasta entonces a los muertos se les enterraba dentro de las iglesias, y contagiaban infinidad de enfermedades a los vivos. Y este fue uno de los primeros cementerios exteriores.
El actual Ayuntamiento de Bilbao se inauguró en 1.892. Y curiosamente su escalinata exterior tiene más importancia de la que parece.
La altura oficial de Bilbao sobre el nivel del mar es de 8´8 metros. Y la referencia es el quinto escalón de esa escalinata.
A finales del XIX, Bilbao ya no cabe en el Casco Viejo, y salta al otro lado de la ría.
El primer edificio que se construyó en la otra orilla fue la Casa Mazas. Justo enfrente de la sede actual de la Sociedad Bilbaína.
Al lado, encontramos otro edificio emblemático, al que popularmente se le conoce como "el rascacielos de la calle Bailén".
Se levantó en los años 40, y no sólo fue el primer rascacielos de Bilbao. También era uno de los edificios más altos de España.
El ferrocarril es otro de los elementos clave en la historia de Bilbao. Pocas ciudades del mundo tienen en seis estaciones termini en pleno centro, como las tiene Bilbao.
La estatua del fundador de la villa, Don Diego López de Haro, está hoy en terrenos del que fue el mayor enemigo de Bilbao: La anteiglesia de Abando.
Los actuales jardines de Albia eran el corazón de Abando, población de labradores que durante siglos se negaron a anexionarse a Bilbao.
Pero Abando tenía mucho terreno edificable. Y hace siglo y medio fue obligada a incorporarse al municipio de Bilbao.
La primera expansión, el primer ensanche en terrenos de Abando, se produjo en los alrededores del actual mercado.
La centenaria tradición naval de la capital vizcaína queda patente hasta en sus edificios. Esta era la sede de la naviera Aznar. Y por eso fue construida con forma de barco, con la proa hacia el norte.
A babor, llegamos a la antigua Aduana.
El tráfico marítimo de Bilbao era un tráfico internacional. Y en los patios de la aduana se almacenaban mercancías, se pagaban aranceles y se fletaban cargamentos de toda clase.
La aristocracia bilbaína se resistía a vivir hacinada en el ensanche.
Así que en el arbolado Campo Volantín, comenzaron a levantar sus palacios.
Hoy se cuentan con los dedos de una mano los que se mantienen en pie. Como este de la familia Olábarri.
O las llamadas "Casas de la Cava", pertenecientes a la familia Ibarra.
A pocos metros, la Universidad de Deusto. Centro de formación de la estirpe económica y empresarial, no sólo bilbaína, sino estatal, desde hace más de cien años.
Muchos de los antiguos estudiantes tenían que cruzar la ría en bote. Porque todavía no se había construido el puente que une Deusto con Abando.
Bilbao tiene el mejor museo municipal de Bellas Artes de todo el Estado.
Y fue creado hace casi un siglo por un grupo de acaudalados burgueses bilbaínos, que donaron sus espléndidas colecciones privadas.
El parque de Bilbao es pequeño para las dimensiones de la ciudad. Sin embargo, varias generaciones de bilbaínos lo evocan con cariño. Porque este es el escenario de su infancia.
Se diseñó tomando como modelo el Parque de la Ciudadela de Barcelona. Con el estanque de los patos, la pérgola, y los árboles de especies exóticas.
Al comienzo de la Gran Vía, se levanta el edificio más alto de Bilbao: la torre de antiguo Banco de Vizcaya. 21 pisos de acero y cristal, que cambia de tonalidad según avanza la jornada.
Desde sus casi 100 metros de altura, contempla la vida de la ciudad a sus pies.
El primer tramo de la Gran Vía, arbolado y señorial, enseguida fue vaciado de vecinos, y ocupado por las sedes sociales de las grandes entidades financieras.
La arteria principal de la villa, se convirtió en la City financiera
bilbaína.
15´42" En el año 1.900, la Diputación plantó su
imponente palacio en la mitad de la Gran Vía. Para animar a los
bilbaínos a que abandonaran el Arenal, que todavía seguía
siendo el centro neurálgico de la ciudad.
En aquella época, la gran Vía sólo llegaba hasta la Plaza Moyúa o Elíptica, que para todos era el fin del mundo.
Y sólo algunos visionarios como Víctor Chávarri se atrevieron a instalarse en ella. El magnate de las minas erigió este palacio de estilo flamenco, que hoy es la sede del Gobierno Civil.
Otro Gobierno, el Vasco, se instaló durante la Guerra Civil muy cerca de ahí. En los sótanos del Hotel Carlton. Fíjense en los peldaños de la entrada. Esos seis agujeros que vemos son los respiraderos del búnker en el que se reunía el Gobierno Vasco durante la guerra. Y que ahora es la bodega selecta del hotel.
Con los años, se logró terminar lo que en su día se
llamó simplemente "la prolongación de la Gran Vía".
Viviendas lujosas, grandiosas, tanto en el exterior como en su interior.
Y esta arteria, la principal de la ciudad, desemboca en el Sagrado Corazón de Jesús.
En el extremo de la ciudad ya se levantaba la gigantesca Casa de la Misericordia. Uno de los mayores orfanatos de Europa.
Aquí estaba antes el Convento de San Mamés. Este santo era un pastorcillo turco que fue arrojado y devorado por los leones. Todavía se conserva la estatua de este niño mártir apoyado en un pequeño león.
Y por eso el campo del Athletic Club se llama San Mamés, y a sus jugadores los leones.
Sin embargo, la Misericordia, más que al campo de fútbol, está vinculada a la plaza de toros. Porque para garantizar que a los niños no les faltara de nada, se le concedió al orfanato la explotación del coso taurino.
Donde terminaba el ensanche, en un viejo robledal en el que se celebraban las ferias de ganado, se instalaron las grandes infraestructuras necesarias para la ciudad.
El hospital de Basurto...
El cuartel de Garellano. Cuyo regimiento fue trasladado desde la vieja aduana de Orduña hasta aquí, para convertirse en la guarnición militar permanente de Bilbao.
Y junto a este, encontramos otro gran edificio que muy pocos bilbaínos conocen. Como el centro de desinfecciones, en el que durante casi un siglo se han fumigado mercancías, personas, animales, ropas ... por su alta chimenea ha salido el humo purificador hasta hace bien poco.
Durante mucho tiempo, la calle Autonomía marcó el límite de la civilización. En la parte izquierda Bilbao se convertía en una ciudad sin ley. Y a la derecha se levantaba un mosaico de preciosos palacetes, los chalets de Indautxu.
De los que al menos se conserva este. Llamado "la gota de leche", porque en él se suministraba leche gratuita a los niños desnutridos. A los que incluso amamantaban amas de cría.
A comienzos del siglo XX se construyó en el extrarradio de Bilbao un enorme almacén de vinos. La Alhóndiga. Se ubicó ahí para evitar que los olores llegaran al centro de la ciudad.
Y paradójicamente, un siglo más tarde la Alhóndiga ocupa prácticamente le centro geográfico de Bilbao.
La ciudad actual sigue hambrienta de espacio. Y surgen nuevas calles y nuevos rincones. Como el Parque de Amézola. En donde las vías y los hangares de la vieja estación de mercancías se han transformado en estanques, paseos y modernas viviendas.
La estación de cercanías es el único vestigio de aquel pasado ferroviario.
Aquel Bilbao surcado por líneas férreas, está ahora enterrando sus vías.
El moderno metro ha sembrado la ciudad de caracolas transparentes.
Si cogemos altura, percibimos inmediatamente la cuadrícula perfecta del ensanche.
Y descendemos hasta la ría, para recordar que esta ha sido una ciudad portuaria hasta hace menos de dos décadas.
Ahora el puente de Euskalduna hace imposible cualquier tráfico marítimo.
Ni siquiera los remolcadores pueden ya pasar. Y la grúa Carola es el único testigo de aquellos días en los que colosales navíos eran botados frente a Deusto.
Este edificio pertenecía a un industrial al que llamaban "el tigre". Y le debió gustar tanto su apodo, que mandó colocar la escultura de un tigre en lo alto de su empresa. Así surgió el tigre de Deusto.
Ascendiendo desde la ribera, nos situamos sobre los acogedores pórticos de San Pedro.
Los vecinos llevan siglos reuniéndose aquí. Desde mucho antes de que la anteiglesia de Deusto aceptara integrarse en el municipio de Bilbao.
Casi todo el Deusto actual eran los jardines privados de esta finca, el palacio Bidarte, que luego fue hospital.
Pertenecía a la familia Ibarra, y tenía hasta un hipódromo, entre frondosos bosques.
A comienzos de los años 50, el Generalísimo Franco visitó esta zona. Y vio que las laderas de Deusto y San Ignacio estaban pobladas de chabolas. Ordenó demolerlas, y levantar en su lugar un barrio residencial para obreros. Esta ciudad ideal fascista.
Más allá, donde termina Bilbao, se construyó un enorme aljibe, un depósito subterráneo. Debajo de este apacible jardín se almacenaban todas las aguas sucias de la ciudad. Y con dos máquinas de vapor, bombeaban todos los detritus hasta la playa de Ereaga, en Getxo.
Bilbao, asfixiada por el tráfico, está transformándose rápidamente.
Bilbao ha entrado en el nuevo milenio a toda velocidad.
El museo Guggenheim fue la locomotora de arrastre, el despegue de una ciudad laboriosa e industrial, hacia la modernidad.
Ahora surgen nuevos servicios. Nuevos hoteles. Nuevos edificios, que continúan dando brillo a una ciudad que hasta hace bien poco estaba cubierta por un manto gris.
Palacios de la música como el Euskalduna, se visten de gala cuando cae la noche.
Desde la altura, la ciudad se convierte en un hervidero nocturno, que parece calmar su fuego con la llegada del nuevo día.
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