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En el corazón medieval de Vitoria-Gasteiz se levanta desde el siglo XIII la Catedral de Santa María. Un templo gótico que nació enfermo. Sometido a lo largo de la historia a innumerables curas, fue languideciendo en silencio, hasta que en 1994 sus males estructurales le obligaron a cerrar sus puertas.
Pero hoy, un ambicioso proyecto de restauración le ha devuelto la vida. Y desde su atalaya, la catedral de Santa María se erige, ahora, en la mejor embajadora de Vitoria-Gasteiz y de Álava, en el mundo.
La catedral vieja, como es conocida por los vitorianos, se levanta esbelta en el extremo norte de la almendra medieval. En este punto de la colina se asentó la primitiva Gasteiz, antecedente de la fundación de Vitoria. Desde su privilegiada posición, ha ejercido durante siglos de fiel notario en el devenir de la ciudad y sus gentes.
La singularidad de este templo no radica tanto en su belleza arquitectónica; su atractivo reside en una compleja evolución constructiva que revela piedra a piedra la historia de la ciudad. Vitoria-Gasteiz y la catedral de Santa María han caminado juntas a lo largo de los siglos, compartiendo buenos y malos momentos.
La historia de la catedral de Santa María está marcada por problemas estructurales desde sus orígenes en el siglo XIII. El edificio actual tuvo como precedentes una primera iglesia y las propias murallas de la villa, todo ello de la segunda mitad del siglo XI. En 1181, el rey navarro Sancho VI, "el sabio", convirtió en villa el núcleo de población conocido hasta entonces como Gasteiz, y lo rebautizó con el nombre de Victoria. Tras la conquista de la ciudad por Alfonso VIII en 1200, y un incendio que la destruyó dos años después, se tomó una decisión de fundamental importancia: construir una gran iglesia que tomaría el nombre de Santa María.
En 1498 el templo alcanzó el rango de colegiata. Su ennoblecimiento, acorde con el nuevo rango, provocó muchos de sus males actuales. Se sustituyeron las antiguas bóvedas de madera por otras de piedra, un peso que no aguantaron las débiles estructuras de la catedral. Y las luces de alarma se encendieron en el siglo XVII.
Los feligreses huyen despavoridos ante el riesgo de colapso total. Empieza entonces una lucha denodada de los vitorianos ante el permanente estado de ruina de su catedral. Pero el esfuerzo es en vano. Las heridas en muros y pilares siguen empeorando hasta el siglo XXI. Corría el año 1994 cuando Santa María cierra sus puertas; una decisión dolorosa pero también inevitable porque el edificio estaba enfermo y deprimido por su soledad. La ciudad le había dado la espalda para volver sus ojos hacia una nueva catedral. Un futuro incierto se cernía sobre el templo; parecía que solo un milagro podría devolverle la vida.
Las soluciones a los problemas del templo comienzan con la redacción del Plan Director de Restauración Integral. Más de veinticinco equipos de trabajo dibujan la radiografía de su historia constructiva. Escudriñando los secretos del monumento consiguen trazar un completo diagnostico de sus patologías, los medios para recuperarlas y el coste del tratamiento. Pero para ejecutar el Plan Director, era necesaria una entidad gestora. Es así como nace la Fundación Catedral Santa María, constituida por la Diputación Foral de Álava, el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz y el obispado de la ciudad. También apoyan el proyecto el Gobierno Vasco, la administración central y la Unión Europea. La restauración cuenta con un presupuesto de 45 millones de euros y su finalización está prevista para 2012.
La Fundación Catedral Santa María no solo gestiona la recuperación arquitectónica del monumento y su entorno, desarrolla de forma integral toda una serie de actuaciones para devolverle su función litúrgica y, a la vez, dotarle también de nuevos espacios y usos culturales, museísticos y turísticos. Estos objetivos también están redundando en la recuperación del casco histórico de la ciudad.
Uno de los aspectos más singulares de la restauración de la catedral de Santa María es su estrecha relación con los ciudadanos. Su recuperación está planteada como una restauración abierta al público. Arquitectos, arqueólogos, restauradores, canteros, andamios y refuerzos configuran la postal de un proyecto innovador, un proyecto abierto por obras. Cientos de miles de visitantes participan de una experiencia única. Adentrarse en la catedral vieja supone el inicio de un apasionante recorrido. Como si de una visita de obra se tratara, los visitantes contemplan, desde modernas pasarelas, los trabajos arqueológicos y de restauración. Conocen los orígenes de la ciudad, descubren todos los misterios del monumento a través de pasadizos medievales, comparten desde los andamios los esfuerzos por recuperar las policromías de uno de los pórticos más valiosos de Europa. Gracias a esta singular propuesta de visitas guiadas, Vitoria-Gasteiz y Álava, cuentan con un referente turístico de primer nivel.
La Fundación Catedral Santa María, dentro del carácter integral del proyecto, no solo impulsa la recuperación arquitectónica del edificio. Pretende, además, recuperar las funciones que las catedrales han tenido desde sus orígenes como espacios de cultura, educación, conocimiento, intercambio de ideas, atracción turística... Y así, la actividad bulle en torno al templo vitoriano. Bajo el título Encuentros con la catedral, la Fundación organiza congresos, seminarios y conferencias de escritores e intelectuales de prestigio internacional. Realiza además cursos de oficios tradicionales, talleres infantiles, espectáculos teatrales y musicales; certámenes de literatura, pintura, fotografía... La catedral de Santa María es hoy un hervidero que concita el interés y la participación de miles de ciudadanos que encuentran en el proceso las respuestas a muchas de sus inquietudes.
La restauración de la catedral vieja es un proceso vivo con alto interés arquitectónico, científico-formativo, urbanístico y socio-cultural. Pero además, se ha convertido en motor turístico y recurso económico de la ciudad. Exhaustivos estudios económicos constatan que por cada euro invertido en la restauración, se generan más de cuatro euros en el Producto Interior Bruto (PIB) de Álava. La fórmula del éxito radica en un singular modelo de gestión, combina el máximo respeto al monumento con su consideración como recurso rentable y dinamizado de la función social del patrimonio cultural. Esta filosofía le ha valido el premio especial Europa Nostra 2002 concedido por la Unión Europea. Este galardón es el más importante otorgado a un proyecto español otorgado hasta esa fecha. El premio Europa Nostra corrobora la opinión de los más reputados especialistas. Lo consideran uno de los mejores proyectos de recuperación de un edificio histórico en Europa.
Superados los tiempos difíciles, la catedral de Santa María es hoy el mejor reflejo de la pujanza de Vitoria-Gasteiz, una ciudad que mira al futuro sin olvidar dónde arraigan los pilares de su historia. Hoy, mañana y siempre.